«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» — Génesis 1:27
«Eres imagen de Dios.»
¿Cuántas veces lo has escuchado? ¿En cuántos sermones, estudios bíblicos, retiros, tarjetas de ánimo?
Ahora, la pregunta importante: ¿lo crees?
No si lo repites. No si lo «sabes» intelectualmente. ¿Lo crees con esa parte de ti que se mira al espejo y no le gusta lo que ve? ¿Lo crees cuando fracasas? ¿Lo crees cuando alguien te dice que no vales lo suficiente?
La desconexión
Hay una brecha enorme entre lo que la iglesia dice y lo que los creyentes sienten. Y esta doctrina la ilustra como pocas.
La depresión, la ansiedad y la baja autoestima no desaparecen por asistir a la iglesia. Los creyentes las sufren en proporciones similares al resto de la población. Y muchos cargan una culpa adicional: «Se supone que debería sentirme bien. Soy imagen de Dios. ¿Por qué no funciona?»
La frase «eres imagen de Dios» se ha convertido en una especie de parche espiritual. Te sientes mal → alguien te dice que eres imagen de Dios → se supone que eso te arregla → no te arregla → te sientes peor porque ahora además tienes poca fe.
Algo está mal con ese ciclo. Pero el problema no es la doctrina. El problema es que la vaciamos de significado a fuerza de repetición.
Lo que «imagen de Dios» realmente implica
Cuando la Biblia dice que fuiste creado a imagen de Dios, no está diciendo que eres lindo, talentoso o exitoso. Está haciendo una declaración radical sobre tu naturaleza.
Estás diciendo que hay algo en ti que refleja al Creador del universo. No tu cuerpo. No tus logros. No tu utilidad económica. Tu ser.
Eso significa que tu valor no depende de lo que produces. No depende de lo que otros piensan de ti. No depende de tu estado emocional. No depende de si hoy tuviste un buen día o uno terrible.
Tu dignidad es ontológica — viene de lo que eres, no de lo que haces.
¿Por qué no lo sentimos?
Porque vivimos en un mundo que mide el valor por productividad, apariencia y rendimiento. Y la iglesia, muchas veces sin querer, refuerza eso. «Sirve más.» «Asiste más.» «Haz más.» Como si tu valor ante Dios aumentara con tu nivel de actividad.
Y porque la frase «eres imagen de Dios» se usa como fórmula mágica en vez de como verdad transformadora. Decirle a alguien en depresión «eres imagen de Dios» sin acompañamiento, sin empatía, sin presencia, es como darle un mapa a alguien que se está ahogando. Técnicamente útil, prácticamente inútil en ese momento.
La invitación
No te voy a pedir que «creas más» en que eres imagen de Dios. Eso no funciona. Lo que te invito es a explorar qué significa realmente esa declaración — más allá de la frase bonita, más allá del parche espiritual.
¿Qué cambia en tu vida si tu valor viene de tu naturaleza y no de tu rendimiento? ¿Cómo tratarías a otros si realmente creyeras que cada persona — cada una — lleva la imagen del Creador?
Profundiza en la Wiki Doctrinal
La doctrina del ser humano como imagen de Dios es una de las más revolucionarias de la Escritura — y una de las más malentendidas:
→ El Ser Humano — Creados a imagen de Dios: qué significa y por qué importa.
¿Qué significa para ti ser imagen de Dios?
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